miércoles, 28 de abril de 2010

Aubry Grosjean

lunes, 26 de abril de 2010

El concepto arracional del arte de Pablo Rokha

“la conciencia se expresa por la reflexión, la subconciencia se expresa por la intuición…” ”la reflexión genera, el concepto; la intuición, la imagen; la reflexión, el discurso y el razonamiento; la intuición, el estilo; la reflexión, la verdad lógica; la intuición, la verdad estética; la reflexión, el conocimiento lógico; la intuición, el conocimiento estético; la reflexión, la filosofía; la intuición, el arte…”


viernes, 16 de abril de 2010

62 / Modelo para armar.

Fragmento

Casi siempre empieza Polanco: Mirá, soñé que estaba en una plaza y que encontraba un corazón en el suelo. Lo levanté y latía, era un corazón humano y latía, entonces lo llevé a una fuente, lo lavé lo mejor que pude porque estaba lleno de hojas y polvo, y fui a entregarlo a la comisaría de la rue de L´Abbaye. Es absolutamente falso, dice Marrast. Lo lavaste pero después lo envolviste irrespetuosamente en un diario viejo y lo echaste al bolsillo del saco. Cómo se lo va a echar al bolsillo del saco si estaba en mangas de camisa, dice Polanco, y el corazón lo llevé a la comisaría y me dieron un recibo, eso fue lo más extraordinario del sueño. No lo llevaste, dice Tell, te vimos cuando entrabas en tu casa y escondías el corazón en un placard, ese que tiene un candado de oro. Vos imagínate a Polanco con un candado de oro, se ríe groseramente Calac. Yo el corazón lo porté a la comi, dice Polanco. Bueno, consiente Nicole, a lo mejor ése era el segundo porque todos sabemos que encontraste por los menos dos. Bisbis bisbis, dice Feuille Morte. Ahora que lo pienso, dice Polanco, encontré cerca de veinte. Dios de Israel, me había olvidado de la segunda parte de mi sueño. Lo encontraste en la Place Maubert debajo de una montaña de basura, dice mi paredro, te vi desde el café Les Motelots. Y todos latían, dice Polanco entusiasmado. Encontré veinte corazones, veintiuno con el que ya había llevado a la policía, y todos estaban latiendo como locos. No lo llevaste a la policía, dice Tell, yo te vi cuando lo escondías en el placard. En todo caso latía, concede mi paredro. Puede ser, dice Tell, el latido me tiene por completo sin cuidado. No hay como las mujeres, dice Marrast, que un corazón esté latiendo o no lo único que ven es un candado de oro. No te pongas misógino, dice mi paredro. Toda la ciudad estaba cubierta de corazones, dice Polanco, me acuerdo muy bien, era rarísimo. Y pensar que al principio solamente me acordaba de un corazón. Por algo se empieza, dice Juan. Y todos latían, dice Polanco. De qué les podía servir, dice Tell.

Julio Cortázar

lunes, 29 de marzo de 2010

El silencio puede existir sin la palabra, pero la palabra no puede existir sin el silencio.

Max Picard

domingo, 28 de marzo de 2010

Un poema de Olga Orozco: "Si me puedes mirar"



Madre: es tu desamparada criatura quien te llama,
quien derriba la noche con un grito y la tierra a tus pies como un telón caído
para que no te quedes allí, del otro lado,
donde tan sólo alcanzas con tus manos de ciega a descifrarme en medio de un muro de fantasmas hechos de arcilla ciega.
Madre: tampoco yo te veo,
porque ahora te cubren las sombras congeladas del menor tiempo y la mayor distancia,
y yo no sé buscarte,
acaso porque no supe aprender a perderte.

Pero aquí estoy, sobre mi pedestal partido por el rayo,
vuelta estatua de arena,
puñado de cenizas para que tú me inscribas la señal,
los signos con que habremos de volver a entendernos.
Aquí estoy, con los pies enredados por las raíces de mi sangre en duelo,
sin poder avanzar.

Búscame entonces tú, en medio de este bosque alucinado
donde cada crujido es tu lamento,
donde cada aleteo es un reclamo de exilio que no entiendo,
donde cada cristal de nieve es un fragmento de tu eternidad,
y cada resplandor, la lámpara que enciendes para que no me pierda entre las galerías de este mundo.

Y todo se confunde.
Y tu vida y tu muerte se mezclan con las mías como las máscaras de las pesadillas.
Y no sé dónde estás.
En vano te invoco en nombre del amor, de la piedad o del perdón,
como quien acaricia un talismán,
una piedra que encierra esa gota de sangre coagulada capaz de revivir al más imposible de los sueños.

Nada. Solamente una garra de atroces pesadumbres que descorre la tela de otros años
descubriendo una mesa donde partes el pan de cada día,
un cuarto donde alisas con manos de paciencia esos pliegues que graban en mi alma la fiebre y el terror,
un salón que de pronto se embellece para la ceremonia de mirarte pasar.

No. Yo no quiero mirar.
No quiero aprender otra vez el nombre de la dicha en el momento mismo en que roen su rostro los enormes agujeros,
ni sentir que tu cuerpo detiene una vez más esa desesperada marea que lo lleva,
una vez más aún,
para envolverme como para siempre en consuelo y adiós.

No quiero oír el ruido del cristal trizándose,
ni los perros que aúllan a las vendas sombrías,
ni ver cómo no estás.
Madre, madre, ¿quién separa tu sangre de la mía?
¿qué es eso que se rompe como una cuerda tensa golpeando las entrañas?,
¿qué gran planeta aciago deja caer su sombra sobre todos los años de mi vida?

¡Oh, Dios! Tú eras cuanto sabía de ese olvidado país de donde vine,
eras como el amparo de la lejanía,
como un latido en las tinieblas.
¿Dónde buscar ahora la llave sepultada de mis días?
¿A quién interrogar por indescifrable misterio de mis huesos?
¿Quién me oirá si no me oyes?

Y nadie me responde. Y tengo miedo.
Los mismo miedos a lo largo de treinta años.
Porque días tras día alguien que se enmascara juega en mí a las alucinaciones y a la muerte.
Yo camino a su lado y empujo con su mano esa última puerta,
esa que no logró cerrar mi nacimiento
y que guardo yo misma vestida con un traje de centinela funerario.

¿Sabes? He llegado muy lejos esta vez.
Pero en el coro de voces que resuenan como un mar sepultado
no está esa voz que hoja sombría desgarrada siempre por el amor o por la cólera;
en esas procesiones que se encienden de pronto como bujías instantáneas
no veo iluminarse ese color de espuma dorada por el sol;
no hay ninguna ráfaga que haga arder mis ojos con tu olor a resina;
ningún calor me envuelve con esa compasión que infunde a mis huesos.

Entonces, ¿dónde estás?, ¿quién te impide venir?
Yo sé que si pudieras acariciarías mi cabeza de huérfana.
Y sin embargo sé también que no puedes seguir siendo tú sola,
alguien que persevera en su propia memoria,
la embalsamada a cuyo alrededor giran como los cuervos unos pobres jirones de luto que alimenta.

Y aunque cumplas la terrible condena de no poder estar cuando te llamo,
sin duda en algún lado organizas de nuevo la familia,
o me ordenas las sombras,
o cortas esos ramos de escarcha que bordan tu regazo para dejarlos a mi lado cualquier día,
o tratas de cosas con un hilo infinito la gran lastimadura de mi corazón.

sábado, 27 de marzo de 2010

Nicole Brossard en "Crítica poética y contracrítica". Addison de Witt

He rescatado una entrada sobre la poeta canadiense Nicole Brossard (1943) y su libro Instalaciones (con o sin pronombres), de lo que puede considerarse el mejor blog de crítica poética. Copio aquí su contenido:


1) Dominio del lenguaje: Brossard posee un dominio de la lengua francesa apabullante, dominio que incluso se transmite en la traducción. En cada poema hace literalmente lo que quiere con la sintaxis y en ningún momento parece que, como está realmente ocurriendo, esté retorciendo el lenguaje. Su manejo sintáctico es un don natural. Y su lenguaje, breve, afilado, mínimo a veces, un regalo:

SILENCIO

promesas que no se cumplen
y la iniciativa de tratar de entender
hasta dónde el cuerpo puede pensar
con toda su prisa su presencia de ánimo
una asiduidad para repetir
sentidos el ultra, el infra, el umbral

2) Capacidad de reflexión poética: Muchos de los numerosos poemas que componen el libro son reflexiones sobre el amor, lésbico en su caso, la muerte, la eternidad, la poesía, la cultura, etc. A la vez que mantiene elevado el nivel poético, logra pensamientos originales y propios.

CONTRALUZ

eso que vive
de las palabras
el fuero interno
todo eso va
a borrarse ante
tu respiración
la muerte, no

3) Fusión de lo erótico: Es difícil encontrar poetas lesbianas que no utilicen el sexo de manera panfletaria. De nuevo, la facilidad, lo natural, es la característico del lenguaje de Nicole. Lo erótico llena mucha de las páginas del poemario ("tengo cuidado / cuando sueño con mi lengua") y establece un diálogo abierto en varios frentes reflexivos, en donde el amor es un referente más de los muchos posibles. He aquí un ejemplo del diálogo sexo-poesía:

ABRAZO

ahora bien trabajar un poema me excita
como la desnudez, usted también la imagen
yo el malva y la identidad
o bailar mucho tiempo muy cercanas
un gran decorado al fondo de la conciencia
hace vida silenciosamente

Sólo en pocas ocasiones el fervor amoroso da lugar a un exceso lírico.

El amor para la poeta son "los actos de transición que nos salvan la vida". La mujer es "un cuerpo impar". En lo imprevisible, cuando titula sexo a un poema, habla del máximo responsable de la iglesia católica, en una de sus pocas referencias políticas: "el papa es un asesino / bastante preciso"

4) Capacidad deconstructiva: Los poemas suelen tener una longitud de no más de diez versos y la puntuación utilizada se limita a las comas. Creando unidades semánticas en cada verso y encabalgando en los momentos precisos, la poeta construye y deconstruye a la vez la estrofas que forman los poemas, generando variadas lecturas y entramando el núcleo de la palabra. En numerosas ocasiones juega a la agramaticalidad y, sin embargo, ésta puede pasar desapercibida. En otros casos, el juego es cubista y se basa en la yuxtaposición. Ella misma la define en un poema: "escribiremos pues con algunas imágenes / menos, otras en medio de nosotras..."

5) La propia reflexión metapoética, que se extiende a lo largo de todo el libro, y su forma de imbricarla de las más variadas maneras, le da un carácter especial: "no firmo la prosa", escribe Nicole.

La poeta transmite la paz y tranquilidad de su escritura:

"al final de un poema me calmo
siempre del lado lento de la voz"

Su orientación hacia una poética esencialista queda reflejada en este manifiesto:

"hay tal vez demasiadas palabras
como en este momento
ir a pensar en un poema"

6) A lo largo de todo el libro, aparece un análisis de la subjetividad y la identidad subyacente. Su mirada, en este punto, es de nuevo original y creativa. Un poema habla específicamente de ésto:

RETRATO

hoy me acostumbro
a responder con un sí o una pregunta
afuera y dentro de mi cabeza
un lujo o si acaso
es claro y frágil, anécdota o envite
una inclinación, una segunda naturaleza
me acostumbro al frotamiento
de las paradojas y los perfumes el bello equívoco
no me aclimato al ruido del gis

En este otro poema el paisaje y la identidad se confunden:

PARAJE

cada vez que me instalo
en un pronombre además del puro yo
me sustraigo de la inquietud
al apuntar con el dedo
la forma movediza de las relaciones
pero la última aflicción viene de la imagen:
a lo lejos
un yo fatal delira en la belleza impersonal

Nicole es la concreción poética y el dominio del lenguaje. Sabe que tenemos el "don de agravar la belleza" y que ésta no necesita adornos superfluos. Por eso su poesía es tan intensa, desnuda y pura. Una poeta, que ha hecho guiños también a la novela-poema en una línea no tan alejada de Anne Carson, que merece una atención mucho mayor por parte de las editoriales de poesía de nuestro país.