Había tomado. Le gustaba sentir que sus ojos no iban a parar a ningún punto fijo, que era observable sólo a la mitad, como si su cuerpo fuese una tremenda grieta reparada con cemento barato. Solía inventarse todo, hasta el más mínimo suspiro, hasta la sensación más necia del simple amargor de su copa. Era inalcanzable y por eso mismo todos podían estar con ella, aguantar sus largos discursos sin percatarse que lo que realmente decía algo de quién era suponía un silencio ininteligible. Así dejaba caer la boca al filo del cristal cuando la sed no era esa ni ninguna otra que se pudiese encontrar dentro de la medida del espacio. La realidad eran pequeñas dosis de ficción, de noches que podían abarcarla y llenarla de dramatismo. Su existencia era ilógica. Su corazón, una bombona de butano.
martes, 27 de julio de 2010
sábado, 17 de julio de 2010
Parcelas y ladridos
A media noche viene a visitarme un vecino, se trata de un perro que va arrastrando su lengua ante la soledad de un sábado casero. Las soledades no están tan solas como uno cree, simplemente son comienzos repetidos de otros comienzos. Hunde sus ásperas uñas en mis muslos, reclama lo que todos. Aquí, donde me vi nacer -o me vieron o no fui ni siquiera advertida- prometí la tregua al poema, presintiendo la labor de esculpir cada de uno de los pensamientos en pequeñas y paralíticas narraciones; cosas inútiles, sacarinas, mantas ante el sudor. La noche viene a visitarme porque me estoy dejando arrastrar por lo minucioso, intentando no construir otras ficciones sobre la ficción primitiva. Me encuentro jadeando en unísono con quien vive en la casa de al lado, en plena sapiencia carente de cualquier adjetivación de intelectualidad que descubre la falacia, las parcelas que nos hacen juntarnos, a él y a mí, a él y a ellos, a todos.
Se sienta a mi izquierda, resoplando a cada calada de un cigarrillo cuyo destino era arder, con las orejas estiradas hacía un lugar en el que no estuvimos nunca pero como si hubiese que ir en algún momento. Los perros no proyectan el futuro, su lenguaje siempre es un presente variable. Un ahora ladro y quiero decir algo que en otro fragmento temporal será un cosa diferente, pero el mismo ladrido. El tú y el yo debería de ser así, el ellos y aquellos, también. Pero no. Decidimos que no va a funcionar, que el paso del tiempo será todo fracaso, que allí no iré, que yo nací aquí, que, que, que, ¿Qué?. Los barrotes al proyectarlos se hacen tan largos y la mirada ya estaba educada antes de entrar. Mi vecino se tumba apoyando las barbas que le cuelgan del hocico en sus patas paradas. No hay juicio, aquí ahora no, porque su lengua entró aún sedienta, se alojó a sí mismo en el silencio que somos y ya éramos. Pero sé que al levantarme de esta silla, la sacará con fuerza para refregarla contra mis pies descalzos. Él -mejor que nadie- sabe que los pies son importantísimos para estirar las orejas en medio de un aparente silencio e ir hacía allí, aún así cuando no vas a ninguna parte. Y todo es comienzo. Y todo es ahora. Y ese ahora nunca fracasa, porque sí lo llegará a hacer ya sería un pasado. Ya sería otra noche y no ésta. El perro colea el suelo. Yo, le acaricio el lomo. ¿Para qué más?
miércoles, 14 de julio de 2010
Soy un pez globo

lunes, 12 de julio de 2010
Uno vuelve a casa por esa tradición del verano; transige con la mala fortuna de haberse hecho a base del silencio que impide esa acción de consentir. Dice una canción de Sabina : "donde uno fue feliz no debiera jamás de volver". Sabio él, que sabía quedarse con el ahora sin proyectar ningún tipo de futuro. La cruel expectativa siempre es sacarina.
Un poema de Alejandro Schmidt diría:
QUÉ ES LA SOLEDAD
un vaso de agua que se pudre
mientras las bocas viajan por el día.
domingo, 20 de junio de 2010
Texto ebrio
Lo mismo. La vida es una pequeña muerta puesta de puntillas. Un aquí ahora no somos nadie. polimorficos seres buscando ser en medio de un tremendo absurdo. Ahora nos hemos tragado el tiempo y su sobremesa. No era entender una actitud bacante, un plazo fijo de pagar a la pregunta con algún precio de ansia. No era eso lo que vine a ver. Plagios de otros con nombres bíblicos y caras llanas. La palabra en todo su límite, blanda, crápula. insistiendo eo estoy aquí he venido a la voz rezagada, soy activa de lo más cruel porque no soy. Tú, con la mirada fija en la vocal sufriendo la llaga del imposible. Si escribo es por la imposibilidad de sentir. Inventio. Inventio una cardiología, un catéter de vida que parece un ventrículo. Así el existir insiste. Podrías caer desde una ventana y seguir respirando. Podrías. Podría el instinto escupir los clavos de la boca, y no hablar con la herida abierta: vagina.
domingo, 13 de junio de 2010
Kérosis
Caminábamos a bocanadas, el verde tierno del aguacate, la lluvia anciana, las esquinas redondas, así como los bichitos escondidos tras el aire, caminábamos, sí, tan pesados, puede. Habíamos conversado sobre ese tipo de peso adicional que ponen algunos a la vida, entre la burla y la teoría de que dentro del Caos hay un sistema reorganizativo; y justo al final de la botella de ese licor alemán que tanto temes que beba. Después, llevarte a un museo cinco minutos antes de que cierre, para salir con esa sensación de inventarte los colores. Discutir que no era tal amarillo sino un pistacho algo estridente, que el café deja un aliento horrible, que no tenemos nada que comer en la nevera. Daba igual. No fuimos nunca ese tipo de seres preocupados por ser. Había algo de mentira en todo y eso era suficiente para dar zancadas, encaramarse por encima de la costumbre y de los edificios delgados de la ciudad. De repente la Pampa, más tarde Marrakech, con tus libros siempre abiertos en la mesita de noche, con la intención de llenarnos del vaciamiento propio de la NADA. Sonreías estando yo tan dormida, viajando con una mochila de grava, fumándome los rostros de unos habitantes virtuosos de ceniza. Igual era la música. Los tonos agudos carcomiéndome el pecho, apolillándome los ojos. Entenderás la necesidad de escribirlo absolutamente todo. Los terraplenes, las horas masticadas a fuerza de paseo, el tú y yo y no todos.
Ya te expliqué por qué nunca te llevé a ese restaurante; allí sólo se va cuando algo acaba. Te enfadabas. Te enfadabas tanto como un niño consentido. Al día siguiente, era levantarse y corretear por la casa, oler a tostadas rostizadas, el ruido del hervir del agua para té... Al día siguiente, era desaparecer...luego... volver a encontrarnos.