sábado, 20 de noviembre de 2010

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Contar hasta un número delgado,
un esquelético número quebrado
en puntos de formas caleidoscópicas
y visión distraída.

jueves, 28 de octubre de 2010

Natalia Litvinova (Bielorrusia 1986. A los10 años llegó a Bs As)

Troquel

armaré un cuerpo para ti
lo haré describiéndote
y lo abandonaré
para que sepas
lo que hizo la vida conmigo
luego de parirme.




Fauna

En mí
hay animles en bruto
que se extinguen
con cada explicación.



Nostalgía

¿por qué nunca me tomaste de la mano
mientras me desconocía cruzando las calles?
***
asustada supe que llovías sin mí
que para eso no me necesitabas
***
nunca tuvimos después
después tuvimos nunca
Ya me es indiferente en qué lenguaje
no seré comprendida
Marina Tsvetáieva

martes, 12 de octubre de 2010

Literatura & otros drinks


-¿Conoces al Bukowski boliviano?- me dijo un librero cerca de la Av. Buenos Aires en La Paz.

Así empecé mi búsqueda de la obra de Victor Hugo Viscarra (1958-2006), sin duda, unas memorias en las cuales literatura y alcohol no pueden entenderse como algo distinto, sino el conjunto mismo de la creación.


Os dejo un fragmento de unos de sus relatos: Cicatrices de la vida.


Nací viejo.

Mi vida ha sido un tránsito brusco de la niñez a la vejez, sin términos medios.

No tuve tiempo de ser niño. Hay una pelota nuevita, guardada en algún rincón de mis recuerdos. Lo más lógico ha de ser que yo sea un verdadero niño cuando me llegue la vejez. Para ella, es cierto, uno tiene tiempo de sobra. Presumo que ha de ser a los cuarenta y nueve añños, pues si llego a los cincuenta me suicido. Nacionalizo una pistola y me pego un tiro.

Hablar de mi niñez, si vamos a llamarla así, es muy fregado. Quisiera olvidar ese período, pero es imposible. No tengo nada grato que recordar y los hombres que recuerdan con tristeza su infancia -no porque se les haya ido sino porque han sufrido mucho en ella- nunca más podrán ser felices.

¿Dónde andará, por qué caminos se extravió el niño que fui? Si es cierto eso de que en cada hombre hay un niño, el que habita en mi debe ser muy triste.

Viviamos en un departamento de la calle Constitución. Mi madre atendía una pensión, famosa por los caldos de cabeza de cordero. Como no había empleada que la aguantara, mi hermana y yo la ayudábamos. Dormíamos en una sola cama: las dos mujeres en la cabecera y yo a los pies. Apenas empezaba a clarear y el caserío de Challa-Pampa emergía de entre las brumas, mi madre estiraba un pie con violencia y yo abría los ojos en el suelo. Mi hermana era la más perjudicada por ese sentimiento maternal, pues, como estaba a mano, despertaba con un pellizco. La pobre también ha de esconder la niña triste que tiene en el fondo....


("Cicatrices de vida"; Borracho estaba, pero no me acuerdo.)

sábado, 7 de agosto de 2010

Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques (W.S Burroughs y J. Kerouac)

Aquí tenemos la primera novela Beat. Jack Kerouac, acostumbrado a que editores desestimaran su obra y consciente de su talento literario, guardó durante años el manuscrito realizado a dos manos con su gran amigo William S.Burroughs. EL estilo es puramente Beat y relata el comienzo del mito de toda una generación que parece surgir del desastre conocido por el asesinato del joven Lucien Carr a Kammerer. Todo lo que rodea a este grupo de amigos podrían denominarse extremos puntiagudos y vivientes: el alcohol, las relaciones homosexuales en una época difícil para su práctica, las drogas, el vivir al día con el rostro del artista que pide de prestado...; todo en su conjunto supone un documento autobiográfico y excitante.

Para los avanzados o curiosos de la Beat Generation poco cabe explicar de la novela, simplemente es fácil reconocer a los miembros de la generación entre los personajes, un realismo que habla de ficción, una ficción sobre la ficción primitiva que es la vida. En el libro todo late y respira. Perfecto para leerlo del tirón y de resaca.


jueves, 5 de agosto de 2010

Boris Vian: (música, cocina y literatura)



Moriré de un cáncer de columna vertebral
Será en una noche horrible
Clara, cálida, perfumada, sensual
Moriré de podredumbre
De algunas células poco conocidas
Moriré de una pierna arrancada
Por una rata gigante surgida de un agujero gigante
Moriré de cien cortes
El cielo caerá sobre mí
Se hará añicos como un vidrio pesado
Moriré de un grito
Que reviente mis tímpanos
Moriré de heridas sordas
Infligidas a las dos de la madrugada
Por asesinos indecisos y calvos
Moriré sin darme cuenta
De que muero, moriré
Sepultado bajo las ruinas secas
De mil metros de algodón derrumbado
Moriré ahogado en aceite de motor
Pisoteado por bestias indiferentes
Y, justo después, por bestias diferentes
Moriré desnudo, o vestido de rojo
O cosido en un saco con cuchillas de afeitar
Moriré quizá sin preocuparme
Del esmalte de uñas en los dedos del pie
Y con las manos llenas de lágrimas
Y con las manos llenas de lágrimas
Moriré cuando me despeguen
Los párpados bajo un sol rabioso
Cuando me digan lentamente
Maldades al oído
Moriré de ver torturar a niños
Y a hombres asombrados y lívidos
Moriré roído vivo
Por gusanos, moriré
Con las manos atadas bajo una cascada
Moriré quemado en un incendio triste
Moriré un poco, mucho,
Sin pasión, pero con interés
Y luego cuando todo haya acabado
Moriré.